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EL APEGO Y LA ADOPCIÓN

El apego es un un vínculo que el niño establece con un reducido número de personas de su alrededor. Tradicionalmente, la principal figura con la que el niño establece el vínculo más fuerte es la madre, pero evidentemente no es, ni debe ser, la única persona.

La función del apego es proporcionar seguridad al niño y se establece en las primeras etapas de la infancia. Alcanzará un vínculo afectivo a partir de las acciones que realiza el adulto para satisfacer las necesidades que presenta el bebé (consolarlo si llora, darle de comer si tiene hambre, calmarlo si está nervioso, etc.) Para que haya una construcción afectiva correcta es necesario que el niño sienta que está atendido ya desde sus primeras etapas.

Así pues, estamos hablando de un apego seguro cuando el niño alcanza unos buenos vínculos con las figuras de referencia cuando las madres son sensibles a las necesidades de los bebés y reaccionan ante las señales que estos emiten El niño sin ser consciente percibe cariño ternura y alegría lo que le aporta una base firme para un desarrollo afectivo y emocional correcto.

Protestará en caso de separación de la figura materna y se puede consolar con una figura desconocida, pero preferirá claramente a su cuidador. A medida que vaya creciendo y vaya ganando autonomía se alejará voluntariamente de la figura de referencia para explorar el medio que le rodea y progresivamente tolerará mejor las separaciones.

Pero no todas las figuras vinculares responden igual ante las necesidades que reclama el niño. A veces, las madres se comportan de una manera más ambivalente, es decir, no siempre dan la misma respuesta y pueden mostrar rechazo o aceptación hacia las necesidades del niño dependiendo del momento. Esta respuesta irregular y no siempre positiva, fomenta el desarrollo de un vínculo inseguro y además ansioso. A la larga, el niño evolucionará con la inseguridad de si será atendido según sus necesidades. La progresiva separación será más costosa y el niño reclamará constantemente la presencia física de la figura materna (escoge la proximidad antes de que se vuelva a producir la separación debida a la no disponibilidad del cuidador). El niño se irrita con la separación y no se calma con extraños.

Y finalmente encontramos el caso de los bebés que son rechazados continuamente, es decir, que padecen un vínculo evitativo o simplemente no consiguen crear un vínculo, porque la interacción entre la figura principal y el niño es mínima. Estos niños aprenden a vivir sin necesitar esta persona, ya que prefieren no sufrir más ante un nuevo rechazo de la figura manterna. Es por esto que no se irritan ante la separación de esta figura de referencia y tampoco muestran ninguna respuesta positiva con su reaparación. Tratan con la misma indiferencia al cuidador que a una persona extraña.

Dicho todo esto, y después de hacernos una idea de lo que significa establecer un vínculo, nos será mucho más fácil entender la situación de los niños adoptados.

Está claro que un menor adoptado ha sufrido mayores o menores irregularidades en su proceso de creación del vínculo y podemos asegurar que, como mínimo, ha sufrido una rotura vincula . Cada historia es única. Cada niño ha vivido su situación particular y se habrá enfrentado a ella según sus propios recursos. Por tant , y como en la mayoría de los casos, no se pueden dar recetas mágicas que sirvan para todos.

Será tarea de los padres de darle a este niño la oportunidad de establecer un vínculo, reparando los deterioros anteriores y fortaleciendo el vínculo que están creando juntos. Evidentemente, la base principal será establecer un vínculo seguro, sin ambivalencias ni ambigüedades, para que el niño lo pueda reconstruir poco a poco. Se le deberá dar más o menos tiempo, en función de la intensidad de la experiencia que el niño haya vivido, del tiempo que la haya padecido, de su vulnerabilidad ante ella y de su capacidad para superar situaciones traumáticas o de riesgo (resilencia).

También se le deberán respetar las conductas que pueda manifestar (silencios, desconfianza, inseguridad, llanto, rechazo, mutismo, etc.).

El paso del tiempo aumentará la confianza en el niño sobre la continuidad de su familia, mejorará su autoestima y permitirá que el niño se deje querer. Cada familia deberá respetar y afrontar unos límites, unas conductas o unos períodos de tiempo diferentes y en algunos casos será más complicado que en otros, pero en definitiva, siempre será más fácil enfrentarnos a esta situación si tenemos el conocimiento y las herramientas para hacerlo.

Patrícia Sanuy 10/2013
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