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CÓMO MEJORAR LA CONDUCTA DE MI HIJO

Hay niños que por norma son muy movidos, no responden a las advertencias de los padres, tienen rabietas, no obedecen, se portan mal… Desgastan el ánimo y las fuerzas de los padres porque éstos ya no saben qué hacer para cambiar este comportamiento y por más que han probado diferentes sistemas, no han logrado obtener el resultado que tanto ansían.

Hay una actuación que podemos hacer los adultos que es básica, pero que seguramente es en la primera en la que todos erramos. Imaginémonos las dos siguientes situaciones: La primera es un niño que tiene que merendar, pero como que no le gusta lo que le han preparado se niega a comer, tira la merienda al suelo, coge una rabieta, no obecede las pautas de su madre y ésta cada vez está más nerviosa. Ahora imaginemos la segunda situación: El mismo niño está en su casa, hace rato que está jugando en su habitación de una manera tranquila y tratando correctamente a los juguetes.

Y ahora la gran pregunta: ¿En qué situación se le prestará mayor atención al hijo? Efectivamente en la primera, cuando no se está portando correctamente. Con nuestro enfado, nuestros gritos, nuestra insistencia en que haga lo que se supone que tiene que hacer le estamos ofreciendo toda nuestra atención. Aunque es negativa, pero es atención.

¿Y qué pasa con el niño que está tranquilo jugando en su habitación? Pues que no le atendemos, no le decimos nada (en este caso sería algo bueno) y como que está tranquilo y no nos ocupa tiempo, aprovechamos para hacer otras cosas.

Está claro que este sistema no funciona. Para mejorar y reducir las conductas problemáticas dentro del ámbito familiar es importante cambiar las estrategias que venimos utilizando por otras que fomenten otro tipo de habilidades como el juego, la escucha, la comunicación, los elogios o las recompensas.

Es aconsejable tener un tiempo especial de juego diario y prestar atención positiva a nuestro hijo. Hacer compañía al niño mientras juega, sin intervenir en el juego, pero felicitándolo cuando haga las cosas bien. Si hay mal comportamiento durante el juego no se le hará caso, se interrumpirán los elogios y si continúa, se abandonará el lugar de juego. Esta actuación mejora la cooperación y la madre o el padre ganarán seguridad y autoridad con el niño. El niño podrá disfrutar de sus padres sin que estén enfadados y los padres aprenderán a disfrutar al lado de su hijo.

También es productivo utilizar la atención que ofrecemos al niño para mejorar la obediencia . Es decir, si pedimos pequeños favores al niño podremos felicitarle y elogiarlo. De esta manera, los padres aprenden a felicitar a su hijo y el niño obtendrá atención positiva cuando obedezca. Es importante que el elogio se produzca inmediatemante, que se reconozca cualquier iniciativa que tenga el niño y que se refuercen y valoren los buenos momentos.

Es muy importante que los padres aprendan a dar órdenes eficazmente . Para ello, las órdenes deben ser claras y sencillas, nos debemos asegurar que nos ha oido (podemos pedirle que nos lo repita), no debemos reprochar ni gritar y debemos felicitarlo cuando consiga la tarea.

Otro punto básico es establecer unas normas y pautas a seguir en el ámbito familiar . Para ello es aconsejable utilizar sistemas como el de los premios con puntos o fichas, el premio y el castigo o el tiempo fuera. Es bueno pensar en un plan de actuación, en qué tareas deseamos que el niño adquiera o modifique y acogernos al sistema que mejor se adapte para conseguir tal objetivo. Debemos tener en cuenta que cada uno de estos sistemas tienen una vida limitada, y que mantenerlos durante mucho tiempo hace que pierdan eficacia.

Una vez hayamos establecido una rutina en la vida familiar, con unos límites claros y adaptados a la edad del niño y los padres hayamos logrado ser consistentes y coherentes con las consecuencias establecidas, conseguiremos que el niño sea capaz de predecir qué sucederá después de cierta conducta (ya que siempre habrá la misma respuesta), lo cual aumentará su nivel de responsabilidad y, de manera directa, también aumentará su nivel de obediencia. Será entonces cuando ante un comportamiento disruptivo del niño podremos actuar ignorándolo y redirigiendo (osea, distrayendo) al niño hacia otra conducta más adecuada.

¡Aunque ya sabemos que la teoría es muy fácil y bonita! No todos los niños presentan la misma variedad de conductas no deseadas ni tampoco su intensidad es igual y ello hace que los remedios no funcionen igual en todos los casos. Pero, a pesar de ello, seguro que ayudas como ésta siempre van bien.

Patrícia Sanuy 07/2013
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